
Sueño compartido: madre e hija se graduarán en Psicología en Feevale
El 25 de julio, la ceremonia de graduación de Psicología de la Universidad Feevale marcará un momento especial para Sandra Regina Gewehr Scholles, de 50 años, y Daniela Gewehr Scholles, de 25, ambas residentes en Dois Irmãos, en la región del Valle del Sinos. Madre e hija subirán al escenario del Teatro Feevale, a las 17:30 horas para recibir el diploma de la misma carrera, culminando una trayectoria que fortaleció aún más los lazos familiares y demostró que nunca es tarde para cumplir un sueño.
La idea de estudiar Psicología surgió de manera casi inesperada. Daniela ya había decidido presentarse al examen de ingreso cuando comentó el tema en casa. Sandra, que desde hacía muchos años albergaba el deseo de estudiar Psicología, vio en ese momento la oportunidad de retomar un sueño postergado. El matrimonio, los hijos y el trabajo hicieron que la carrera se aplazara durante décadas, hasta que un reportaje sobre un padre que se había graduado junto a su hija sirvió de inspiración definitiva para dar ese paso.
"Me casé, tuve hijos y ese sueño fue quedando relegado. Pero siempre quise estudiar Psicología para entender mejor el comportamiento de las personas y ayudar de alguna manera", cuenta Sandra. Volver a las aulas después de tantos años fue un desafío. Como empleada pública, compaginó una jornada laboral de 36 horas semanales con los estudios, las prácticas y las responsabilidades del hogar. En muchos momentos pensó que no lograría terminar la carrera, pero encontró apoyo en su familia. "Sin la ayuda de mi marido y mis hijos con las tareas del hogar, no me estaría graduando ahora", afirma.
Para Daniela, acompañar a su madre durante este recorrido fue motivo de orgullo. "Lo que más admiro de ella es su determinación por perseguir este sueño, a pesar de toda la carga de trabajo y las responsabilidades del hogar", destaca. Aunque compartían la mayoría de las asignaturas durante la carrera, cada una mantuvo su propio ritmo de estudio. Sandra era quien recordaba constantemente los plazos de entrega, mientras que Daniela ayudaba a su madre con las herramientas tecnológicas y el formato de los trabajos.
Dentro del aula, el desafío consistía en equilibrar los roles de madre e hija con la convivencia entre compañeros. Algunas situaciones dieron lugar a anécdotas memorables. En una de las primeras clases, Sandra se presentó diciendo que era la madre de Daniela, lo que despertó la curiosidad del grupo. En otra ocasión, durante una presentación, Daniela llamó "colega" a su madre, provocando unas risas que tuvieron que contener para poder continuar con la actividad. Las asignaturas de prácticas también marcaron la trayectoria de ambas, ya que ofrecían grupos más reducidos y un entorno propicio para compartir experiencias personales y profesionales.
A lo largo de la carrera, la psicología también transformó la manera en que se veían la una a la otra. "Aprendimos a tener más paciencia y a comprender las diferencias entre las distintas etapas de la vida", resumen. Sandra cree que también cambió gracias a la convivencia con su hija. Acostumbrada a ser organizada y a cumplir con todo con antelación, aprendió a gestionar mejor las diferencias de estilo. "Aprendí a no ser tan rígida y a controlar más la ansiedad. Me ponía nerviosa porque esta generación deja todo para el último momento, pero al final siempre salía bien", bromea.
A pesar del logro compartido, madre e hija planean seguir caminos profesionales distintos. Cada una desea trabajar con públicos diferentes, pero ambas comparten el mismo sentimiento al terminar la carrera: la realización de un sueño. Para Daniela, la graduación representa el inicio de nuevos caminos y la felicidad de poder trabajar en lo que ama. Por su parte, Sandra ve el título como la concreción de un objetivo que parecía lejano y también como la oportunidad de iniciar una nueva etapa profesional antes de la jubilación. Basándose en su experiencia, Sandra y Daniela dejan un mensaje para quienes piensan en volver a estudiar: “Nunca es tarde para estudiar e invertir en uno mismo. A pesar de las dificultades del camino, este culmina con la realización de un sueño. Por eso, siempre vale la pena”, concluyen.